Thursday, November 02, 2006

EN PELOTAS (CON GABARDINA) POR EL PARQUE

Habiendo, tanta pornografía por ver en la red es un verdadero privilegio la visita de cuantos habéis pasado por aquí ayer.

Raquel M. dejó escrito en el libro de visita (o cómo diablos queramos llamar al vínculo ese que hay justo donde acaban estas anotaciones) que “lo mejor de escribir es que a veces casi te alegras de haber sentido cosas desagradables, hacer algo bonito con ellas es un desahogo fantástico”. Y acierta en el clavo, one more time.

Porque uno en su unicidad lleva mucho tiempo encontrando refugio en esto de escribir. A veces he tenido la arrogancia de hacerlo para otros, pero de momento la mayor parte de las veces ha sido algo íntimo. Por pudor; pero también porque la escritura me brinda el tempo necesario: La otra noche veía una película de piratas en la que el villano (un gobernador español de aquella época en que en España no se ponía el sol) afirmaba “El tiempo en el Caribe impone su tempo”, pues con el pensamiento y la escritura a mí me pasa algo similar: el papel, el ordenador en este caso, son instrumentos para que la corriente eléctrica que anima mis neuronas no se disipe, rebotando de una pared a otra de mi cabeza. Tengo la virtud (y como las verdaderas virtudes me ha traído más disgustos que alegrías) de poseer un cerebro disperso. Un cerebro que se asemeja a un mono borracho (la metáfora no es mía sino de un libro sobre filosofías orientales, lástima). La cuestión es que el ritmo al que obliga la escritura dirige mi pensamiento cual perro ovejero perdiendo quizás algo de tiempo pero conduciendo el rebaño en alguna dirección (esta metáfora, un tanto más torpe, sí es mía, lástima). Son cuadernos y cuadernos los que han quedado atrás en un vano intento de comprenderme a mí y a los que me rodean: En uno de ellos me identificaba con un caracol que dejara tras de sí un rastro de tinta (al final va a resultar que esta bitácora está patrocinada por Faunia).

Pero como no creo en la historia del creador encerrado en sí mismo (en realidad no creo en ningún ser humano encerrado en sí mismo), al fin lo suyo es jugártela. Por ello he procurado escribir también para cualquiera que me brindara la oportunidad y las garantías suficientes. Y por motivos de diversa índole que ya se irán descubriendo, creo que era el momento de empezar con este ejercicio de exhibicionismo.

P.D.

(...)
Nunca he escrito pensando en ti...
sólo en este momento.

¡Felicidades, David! (los versos son suyos)