Friday, May 30, 2008

Thursday, May 29, 2008

PUNTUALIDAD CRÓNICA

Hace tiempo me atracaron quitándome el reloj y me dije: qué bien, ya tengo excusa para ser impuntual. Pero llevo una década intentándolo y no lo consigo. Tengo varios amigos impuntuales y quisiera parecerme a ellos: que la gente me espere durante horas, pero no hay manera. Mira que me entretengo, salgo tarde de casa, camino más despacio, escojo el camino más largo y nada, siempre llego a tiempo. Un día de estos tendré que consultar el problema con mi amiga sicóloga.

FEDERICO, EN EL BANQUILLO

Bien que me alegro de la “traición” de los políticos del PP llamados a declarar por el imputado, en el juicio de Gallardón contra Jiménez Losantos. El error estratégico de su defensa ratifica mis simpatías hacia el locutor. La desmemoria y la negación de Zaplana, Acebes y Aguirre evidencian que no hay confabulación y que el tipo se está batiendo sin guardaespaldas. Lo intuía.

Soy un hombre de radio. Quizás la culpa la tiene mi madre que despertaba a la familia con el serial de Los Porretas y los soliloquios de Luis Sánchez Pollack en Protagonistas. Después vestí brazalete negro el día que Alfonso Guerra y su Ley de Ordenación de las Telecomunicaciones clausuraron la Cadena del Water, imprescindible en mi formación musical. Me pasé a Antena 3 y escuché el último programa de José Luis Balbín, antes de que PRISA adquiriera la emisora para acabar a golpe de talonario con su competidor. Años después, parte de la crew de Antena 3 fue reapareciendo y servidor derramó una lágrima por el genial Carlos Pumares, convertido en mono de feria de Sardá. Aunque ahora no sea sino una xarnega agradecida, algo semejante ocurrió con Julia Otero, en cuyos gabinetes descubrí al filósofo Gustavo Bueno y al antropólogo Manuel Delgado. También silenciaron a la Otero por culpa de los cambios en el accionariado de la emisora, privándome por bastante tiempo del discurso de dos pensadores capitales en mi devenir intelectual. Últimamente me despierto con Losantos, básicamente porque no hay otra opción que me resulte creíble. Es tendencioso en su defensa del liberalismo, pero no lo oculta bajo una máscara de objetividad, para después conchabar con el presidente del Gobierno cuando cree que las cámaras no graban. Federico es incorrecto y a mí este tipo de personas me pierden. Me parece muy grave que un político le haya sentado en el banquillo de los acusados. Muy grave porque si prosperan los intentos, por parte del poder, de amordazar las voces que disienten asistiremos al alumbramiento de una sociedad mucho menos libre, más siniestra y cobarde.

Tuesday, May 27, 2008

TÉ DE JAZMÍN

En su primera cita él pidió un té de jazmín. Después, ella le preparó amorosamente su infusión favorita cada mañana, durante los quince años que llevaban de matrimonio. Y él se atragantaba con aquel maldito brebaje que había pedido solo por hacerse el interesante.

Wednesday, May 21, 2008

UNA JORNADA FANTÁSTICA

Desde que despertó por la mañana Arturo se sentía extraño, más ligero, como si durante el sueño hubiese mudado de piel como las serpientes. Tras asearse, salió de su casa como si nada. Al llegar a su trabajo y saludar al conserje, éste le preguntó dónde iba el señor.

- No seas guasón Damián, voy para la jaula– respondió.

El conserje desconcertado afirmaba no conocerle y Arturo temió por la salud mental del pobre hombre.

- Damián, no se preocupe. Voy al departamento de Ventas. Ahora bajo con alguno de los chicos.

El conserje accedió y Arturo subió al ascensor pensando en qué cosa más rara y si el pobre conserje no habría sufrido una embolia.

Como aún faltaba un rato para fichar, acudió a la cocina a tomar un café con sus compañeros.

- Buenos días, por las mañanas- era su saludo habitual pero los otros se quedaron pasmados como si fuera la primera vez que le veían- ¿Qué pasa chicos? Basta de bromas. Ahora lo entiendo todo: estáis conchabados con el conserje para gastarme una inocentada.

Intentó que los otros cediesen pero no hubo forma. Mosqueado, se marchó a su puesto. Abrió su cajón para sacar los informes pero lo encontró vacio. Aquello era lo último: habían hurgado entre sus cosas. En estas entró el encargado y se encaró con él:

- ¡Si queréis largarme, no teníais más que decírmelo!

- ¡Qué dice usted, suélteme las solapas o llamo a seguridad!

Arturo salió del edificio desconcertado. Qué coño estaba ocurriendo. Acudió a su bar de cabecera en busca de consuelo. No era bebedor mañanero pero necesitaba una copa.

- ¡Paco, ponme un chupito de lo que sea, no puedes imaginar lo que me ha pasado!

- Aquí tiene el señor- El tono era amabley cortés: exactamente el mismo que emplearía Paco con cualquier otro cliente. ¿Y ese “señor”? en su vida le había llamado “señor”, ni falta que hacía.

- Pero, coño, Paco no me conoces. Soy Arturo.

- Disculpe, señor, por aquí pasa mucha gente cada día.

Aquello rayaba lo insoportable. Decidió llamar a Cristina para contárselo. Ella era mucho más calmada y seguro que tenía una explicación razonable. Encendió el móvil, seleccionó la agenda en el menú y descubrió que estaba en blanco. Cojones. No necesitaba de agenda para marcar el teléfono de su chica.

- ¿Diga?

- Cris, soy yo.

- ¿Quié…?

Click. No tenía sentido seguir. Al parecer, ya no era quién solía. Aquello parecía un mal sueño y tal pensamiento le hizo sentirse exhausto. Decidió regresar a su casa, dormir un rato y comprobar si al despertar todo seguía igual. Llegó a su apartamento y no pudo abrir la puerta. Las llaves no encajaban en la cerradura. Para colmo, en el interior, se escuchaba el murmullo de una conversación. Bajó al portal para comprobar en el buzón que, efectivamente, ya no vivía allí.
Salió a la calle, era un día primaveral y hermoso. Se sentía extraño pero no preocupado: al fin y al cabo ya estaba harto de su trabajo, de su novia y de sí mismo.

Tuesday, May 20, 2008

EL ANIMAL QUE LLEVO DENTRO

Tras la última oleada de crímenes, al caer la noche todo el pueblo corría a sus casas, cerraba sus puertas, apuntalaba ventanas y cargaba sus escopetas. Sin embargo, ninguno de los vecinos sufría tanto como Dieter: el Hombre-Lobo incapaz de gobernar la bestia que moraba en su interior.

Friday, May 16, 2008

PENSANDO NO SE LLEGA A NÁ

Leo en el blog de Raquel algo muy inspirador: “Quizá es porque la vida es menos compleja -y más valiosa- de lo que he pensado siempre...” Viene a cuento por algo que vengo rumiando desde hace mucho tiempo: la certeza de ser irremediablemente tonto; al respecto, el título de mi blog ya es todo un aviso para navegantes. Lo que los demás obtenían con naturalidad y alegría, a mí me costaba un calvario. Quizás por eso empecé a leer y a pensar. A pensar tonterías, claro.

Hay un episodio de los Simpsons en que un tal Frank Grimes, el pobre, lo tiene todo en contra. Grimes es un hombre hecho a sí mismo con enorme esfuerzo y en continua lucha contra la adversidad. Cuando entra a trabajar en la central nuclear, se lleva las manos a la cabeza al comprobar todo lo que a Hommer le ha regalado la vida, siendo un patán, tosco e inculto. El episodio es de mis favoritos porque, secretamente, algo me identifico con el pobre diablo. Por otro lado, en ocasiones pienso que si me hubiera enfrentado a la vida con la actitud despreocupada y pastueña, que tan buenos resultados reporta en otros, servidor estaría, a estas alturas, bastante jodido.

Pensando no se llega a ná ironizaba Josele en una de sus canciones y a veces pienso que es cierto. La de vueltas que le damos a los asuntos de la vida para llegar al mismo punto que el resto, pero por el camino más largo. Quiero soñar que con ello se obtiene una clarificadora visión panorámica, pero cada día me lo creo menos. Precisamente porque la experiencia demuestra que mis mejores momentos, aquellos que podría calificar de plenos, casi extáticos, en los que el tiempo se detiene y te quedarías allí a vivir, suceden sin mediación de pensamiento o estrategia alguna.

Tal vez, en realidad no seamos sino émulos del Mago de Oz y necesitemos parapetarnos bajo una envoltura monumental para disfutar de una película, un paseo por el campo, una noche de conga o la compañía de las personas que amamos. Tal vez. En mi descargo solo puedo argumentar, igual que Jessica Rabbit: “…me dibujaron así”.

Tuesday, May 13, 2008

VAGABUNDOS

Camino del trabajo me cruzo con varios vagabundos. Arranca la jornada e imagino que les desalojan de los cajeros automáticos y puentes donde descansan y se encuentran con un día entero sin nada que rascar. Un vagabundo a primera hora parece aún más desamparado; sin embargo, mi compasión posee un regusto de envidia.

A mi manera, también fui vagabundo durante un par de años. Fue al comenzar los estudios en la universidad. Una secuencia de catástrofes me arrojó a la Facultad de Químicas y después de un par de meses de asistencia numantina, me convertí en un espíritu errante. No sabía cómo explicarle a mi familia que aquello me aburría mortalmente así que, como cuenta Bukowsky de su padre, me levantaba cada mañana y me lanzaba a las calles a hacer que hacía. En el mejor de los casos tenía algo de pasta para recogerme en la sesión matinal de un cine pero, en general, iba tan pelado que me juntaba con un amigo en la misma tesitura y nos dedicábamos a charlar y a fundir el abono transportes hasta una hora prudencial de vuelta a casa: íbamos hasta Cantoblanco a desayunar por los precios de la cafetería, visitábamos exposiciones, paramos por la acampada de Sintel, mirábamos las ofertas de discos…

Fue una época estupenda pero los resultados académicos nos delataron frente a nuestras sufridas familias. Ambos cambiamos de carrera y yo entré a trabajar en el turno de noche de una compañía telefónica. Se acabó la buena vida. Desde entonces añoro esa sensación de libertad, de carecer de la obligación de amortizar el tiempo.

Friday, May 09, 2008

BIBLIÓFILO

Imaginad un momento que al abrir el messenger apareciesen en la agenda de contactos Wolfe, Pla, Casavella, Séneca, Murakami, Montaigne… Son alguno de los autores cuya obra reposa sobre mi mesa. Cuando llego a casa, me gusta echarme en el sofá, mirarlos y pensar que solo tengo que alargar el brazo para dialogar con ellos. Y, qué quieren que les diga, me reporta un inmenso placer.

Sé que estoy enfermo. Y escribo enfermo en el mismo sentido que se habla de ludópatas o drogadictos. Quizás sea una adicción menos destructiva, pero posee los componentes de compulsión y pérdida de control de las otras. La otra tarde iba justo de pasta, pero leí la reseña de un libro interesante, me crucé con una librería y no pude resistirme a entrar. ¿La factura del móvil? Ya me las apañaré. Mi actitud en las librerías es la misma que la del alcohólico que cree controlar: “una copa y nos vamos”. Y regreso a casa tambaleante con las obras completas de Lope bajo el brazo.

No es razonable, me digo cuando veo cómo se apilan los libros en mi diminuta vivienda. Voy a casa de mi madre y me encuentro media biblioteca, visito a mi hermano y allí están las cajas que amablemente me hospeda. Soy consciente de que muchos de ellos no volveré a leerlos, estoy convencido de hacer una oferta para amigos y allegados o una donación a la biblioteca más cercana. Pero, como el resto de adictos, siempre lo dejo para mañana.

Vale: “Hola, mi nombre es Mario y soy bibliófilo”.

Tuesday, May 06, 2008

RADICAL CHIC

Finalizado el Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones de Vaneigem, percibo cierta inquietud intelectual. Igual que en otros textos seminales del mayo del 68 francés, encuentro una lúcida descripción de los males de la alienación productiva; encuentro aforismos memorables (“No voy a renunciar a mi parte de violencia”); pero a la hora de buscar soluciones, solo hayo poesía (lo mismo me ocurrió con el venerado La sociedad del espectáculo). Me enerva la visión idealizada del oprimido cuando se dibuja desde posiciones privilegiadas (la Universidad, en este caso).

Cae en mis manos la traducción de Radical Chic (La Izquierda exquisita) que leo del tirón. Tom Wolfe retrata la fascinación por los Black Panthers de las clases pudientes del Upper West Side, en la Nueva York de los setenta. En concreto, describe una party realizada por el matrimonio Bernstein (Leonard y Felicia) en su apartamento de trece habitaciones, con objeto de recaudar fondos para la causa negra. Entre los asistentes, lo más granado de la la cultura y el espectáculo: Otto Preminger, Barbara Walters o la esposa de Harry Belafonte, entre otros, junto con atónitos representantes de los Panteras Negras. La mezcla arroja resultados tan desternillantes como clarificadores.

Fruto de la culpa, la ignorancia y el miedo, las clases privilegiadas forjan una falsa imagen de las capas bajas. Al igual que Rosseau hizo con su buen salvaje, producen una idealización de la baja estofa, transformándola en seres “primarios y vitales”. Así, ellos proponen alianzas con civilizaciones que aniquilarían sin pestañear su cultura; ellos cantan al sacrificado minero desde sus piscinas; ellos te abroncan por no colaborar con una oenegé o pasar de manifestaciones que anuncian otros mundos posibles. Ellos: escoria culpable y prescindible.

P.S. En La Ciudad que fue, un recién licenciado Federico Jiménez Losantos detalla la experiencia de impartir clases de comunismo a los obreros en las aulas de Can Serra. Lo que sigue es el poso que dejó una de sus alumnas, que soñaba con regresar a su tierra y fundar una familia:

«Con ninguna de las chicas de las Ramblas, de la Universidad, podría haber tenido yo entonces esa conversación. Ninguna quería o debía tomarse la vida tan en serio. Ella sí. Nos despedimos en la puerta de la casa: un beso en el rinconcito de los labios, ni de amistad ni de pasión. Era una chica formal, una obrera consciente... de que no le gustaba serlo. Nunca más volví a Can Serra. Nunca más la vi. Nunca la he olvidado del todo».

Monday, April 28, 2008

LAS HORAS

Cuando disfruto de unas horas plenas, plácidas, gozozas, como habrían ser todas las horas, pienso en lo a menudo que detestamos las horas, deseamos que corran y dejarlas atrás: Algo no va bien.

LA REVANCHA DE HANS

Apenas ningún incidente alteraba la tranquilidad de los habitantes del Condado de Hesse. A excepción de los hurtos de Hans “el patas”, los vecinos disfrutaban de una vida próspera y feliz. Siendo el único ciudadano que había quebrantado la ley en los últimos años, no era difícil detener al delincuente cada vez que desaparecía algún objeto de valor. Pese a que se trataba de un individuo muy veloz, el alguacil terminaba siempre por apresarlo. Incontables veces Hans “el patas” había recorrido el trayecto del juzgado al calabozo, pero se prometió que aquella sería la última. Mientras observaba el goteo de las humedades de la prisión, Hans “el patas” urdió un plan: una venganza contra el juez y el alguacil que habían amargado su vida durante años.

Cumplida su condena, Hans “el patas” fue, puesto en libertad de nuevo. Acudió a ofrecer sus servicios como labrador a un capataz. Este, a pesar de la fama de rufián y haciendo gala de la natural confianza de las gentes del Condado, decidió darle empleo en sus campos, no sin antes ordenar que se le mantuviera estrechamente vigilado. Jornada tras jornada, Hans demostró su solvencia: llegando el primero y marchando el último, trabajando con denuedo en las circunstancias más adversas. Merced a su austeridad, Hans ahorró su jornal durante meses hasta que pudo comprar su primer acre de tierra. Araba de día los campos de otros y de noche los suyos y poco a poco, se granjeó el alias de “Hans el próspero”.

Con el tiempo, “Hans el próspero” no necesitó emplearse para otros: la tierra daba sus frutos y contrató su propia cuadrilla. A la par, empezó a frecuentar la taberna, donde se reunía con otros terratenientes al caer el día y pagaba numerosas rondas. Más tarde apareció por la Plaza Mayor donde entabló relación con los comerciantes: Hans “el prospero“ se convirtió en un buen cliente, de los que jamás regatean. Finalmente, recaló en la Asamblea y comenzó a participar en las votaciones del Condado de Hesse. Durante una sesión pidió la palabra: Explicó que, merced al esfuerzo de sus vecinos, el Condado era una de las regiones más prósperas del Reino. Nadie sentía la necesidad de delinquir, pues aquella tierra generosa cumplía los deseos de cualquiera que se esforzara en ello. Erradicada la delincuencia ¿qué sentido tenía mantener en sus puestos al juez y al alguacil? La partida del presupuesto destinada a pagar el sueldo de aquellos “holgazanes” podía destinarse a mejor menester, como construir el alcantarillado o un nuevo dique. La Asamblea al completo aplaudió el discurso, no en vano estaba compuesta por una representación de agricultores, terratenientes y comerciantes. Alguacil y juez fueron cesados de sus cargos, no sin que antes un sonriente Hans les ofreciera un puesto de trabajo dentro de su cuadrilla.

(Dedicado a la gente de la prisión de Pontevedra)

Thursday, April 24, 2008

I GOT MY RHYTM

Supongo que la situación les será familiar: Uno está tranquilamente sentado apurando una copa, en la boda de la prima mengana, a la que has acudido por aquello del qué dirán, aunque tu prima y su felicidad futura te importan lo mismo que las marsopas del ártico. Miras de reojo el reloj, esperando que se haya cumplido el tiempo de cortesía y al levantar la vista te encuentras con una prima solterona que, sin opción a réplica, te arrastra a la pista de baile para zarandearte y pisarte a ritmo de pasodoble. Te cortas, de nuevo por aquello del qué dirán, pero no faltan las ganas de estrellar a tu prima de un empujón contra la barra del salón gritando ¡Tengo mi ritmo, tengo mi música y no necesito que nadie me imponga el suyo!

En fin, esto es lo único que se me ha ocurrido para explicar el ritmo frenético que me marca la cosa laboral durante estos días. Y como no estoy seguro de haber estado del todo inspirado, les dedico un tema en desagravio:

I got rhytm

Thursday, April 17, 2008

GENERACIÓN STARBUCKS

Las vislumbro a través de la cristalera; y digo “las” porque son, abrumadoramente, féminas. Es una de esas cafeterías clónicas de una gran corporación donde no permiten fumar: como tantas otras cosas, tomar un café requiere del inevitable pitillo para que el ritual sea completo. Son chicas de aspecto universitario: con sus libros, su moda H&M y seguridad en la mirada. Consumen el café convencidas. Y yo experimento una epifanía: uno de esos raros momentos en que me siento poseído por una extraña lucidez y entiendo algo de lo que me rodea.

Starbucks, ejemplo de éxito empresarial: un producto malísimo con un precio exorbitado que triunfa y se convierte en una de las marcas “cool” de nuestros tiempos. Curioso, cuanto menos.

Es evidente que cuando tomamos café, pagamos algo más; de lo contrario no se entiende la naturalidad con que entregamos 1,20 euros por algo que no es sino agua sucia. Cuando tomamos café estamos pagando la charla, el espacio en la barra, la posibilidad de una pausa… Sin embargo, no es el caso de Starbucks, con un ámplio grupo de consumidores que adquieren su café para pasearlo camino del trabajo. Por tanto ¿qué es lo que buscan? Obviamente, la marca. La marca es el icono de los elegidos, de los triunfadores o de los aspirantes a serlo, de los que pueden permitirse pagar tres euros por un mal café o al menos intentan aparentarlo. La marca es la cruz cristiana, la estrella de David o la esvástica nazi: aquello que nos identifica. Ayer la marca definía religiones o ideologías, hoy hábitos de consumo. Lo cantó Aute hace más de una década: “Pretenden convertir aquel milagro que una vez fue el ser humano, en simple productor, consumidor, contribuyente, ciudadano…” Y lo confirma el sociólogo Lipovetsky en una entrevista que tenemos enmarcada en la oficina: “La identidad se construye hoy con marcas comerciales”.

Wednesday, April 16, 2008

AUTO-MATA

Ya nos lo advirtió la ciencia-ficción: algún día los robots desarrollarán pensamiento autónomo. El primero fue un androide ensamblador de una fábrica de vehículos que se dijo: “Tanta rutina terminará conmigo”.

Friday, April 11, 2008

PODA

Por CARLOS MARZAL

Por desgracia no hay nada semejante, en el universo del hombre, al acto de la poda -salvo en la ceremonia, tal vez, de cortarnos las uñas y los cabellos-. Quiero decir algo idéntico, literal: un rito de renovación que supusiera cortar con sabiduría los miembros que ya nos han servido, para que regresaran más fuertes y pujantes después de un período de letargo. En mis ensoñaciones de ocioso a la deriva siento una secreta envidia de carácter vegetal, un inconcreto rencor hacia nada en concreto, por el hecho de no haber sido creado con esa posibilidad de sucesivos renacimientos. Me imagino como un arbusto cualquiera, como un árbol cualquiera, como una planta cualquiera, y me sueño capaz de reducirme a mi esquema más sencillo, a mi elementalidad, que después sabrá volver con su forma mejor, a su nueva anatomía. Estamos muy poco dotados para la renovación completa, para el cambio absoluto de la absoluta regeneración. Somos animales acumulativos, demasiado memoriosos, demasiado históricos. Vivimos atados a la cadena de los acontecimientos sucesivos, aunque nuestra inteligencia nos permita asomarnos al mundo de la simultaneidad. Poca poda podemos aplicarnos a lo largo de nuestra aventura terrestre.

Podemos aplicarnos poco fuego. También tengo arrebatos de desasosiego por no ser capaz de tolerar la purgación de las llamas. Quién pudiera tomar baños de fuego como quien toma baños de sol. O mejor: quién pudiera tomar baños de fuego como quien toma un baño. Un simple baño diario. En mis delirios regeneradores, se me antoja la tolerancia al fuego un requisito indispensable para el nuevo hombre. Unos minutos de hoguera al día, una breve visita a la pira, una aplicación de tea: y fuera los malos recuerdos recientes, fuera todo lo superfluo que acumulamos, fuera todo lo superficial con lo que convivimos. Una sauna benéfica de brasas al rojo vivo, un paseo sobre ascuas candentes: y después, a renacer de nuestras cenizas, con sólo lo imprescindible, con el único bagaje de lo excelente, con los pertrechos de lo necesario nada más.

Esta meditación tiene que descender al plano metafórico, en vista de que no puede elevarse a la pura realidad que reclama. Ya que no somos capaces de esa simplicidad radical, tendremos que consolarnos con extraer de todo esto una lección simbólica. Hay que cortar, hay que romper, hay que tirar, hay que quemar: para aligerarnos, para esencializarnos, para no pesar más de la cuenta. La inteligencia, el saber, el conocimiento, también tiene sus trastos, también acumula su polvo, también posee sus desvanes repletos de chismes inservibles. A diario se nos cuelan en casa, invaden nuestra intimidad, cientos, miles de asuntos para los cuales la palabra basura constituye un eufemismo halagador. Todo eso termina por obstruir nuestras venas, por lastrar nuestro sistema nervioso, por hacernos el trastero atestado de nosotros mismos. No hay tiempo que perder, porque no hay tiempo. Así que fuego a todo eso. Así que poda a todo eso.


(Publicado el 9 de abril en el suplemento Campus del diario El Mundo)

Tuesday, April 08, 2008

POTLACH

Hasta el día de hoy, nunca he dispuesto de un espacio propio superior a 20 metros cuadrados; quizás en ello reside mi interés por los bienes efímeros. Cafés, tabaco y velas son, quizás, las compras que más disfruto. Gustándome mucho los libros, cada vez que adquiero uno sufro la carga de pensar dónde lo almaceno (desde aquí, un afectuoso saludo a mi hermano que se ha ofrecido a guardarme en su altillo unas cuantas cajas de ellos). Pero, aparte de consideraciones logísticas, hay otra cuestión de fondo: los objetos que forman parte de nuestra vida pueden terminar lastrándonos. Resulta atractivo dejar una gran biblioteca como legado a futuras generaciones pero, cuando se han hecho un par de mudanzas “a pulso”, uno siente en sus bíceps todo el peso de la cultura y sus posesiones.


Me resulta curioso que, gustando de la antropología, no fue sino por indicación del amigo Javier que comencé a reflexionar sobre el concepto del Potlach. El término procede de la lengua chinook, empleada por pescadores indios de la costa noroeste del Pacífico, hacía el siglo XVII. Define una serie de ceremonias caracterizadas por la entrega ostentosa de bienes, ligadas a momentos cruciales en la vida del individuo (no me miren raro ¿qué otra cosa son los banquetes nupciales?). La ostentación es una de sus funciones más obvias, pero posee otros matices que me interesan mucho más, como el tema de la redistribución. La redistribución (asunto clave en antropología, ahí está el kula, descrito por Malinowsky), tan incardinada en la naturaleza humana, es la forma prístina de lo que hoy llamamos solidaridad y se presenta en las sociedades bajo múltiples formas. Es una suerte de conocimiento, casi pre-racional, que nos dicta que ningún ser humano debe ser más que otro aunque, en ocasiones, lo semeje.


Pero hay otro aspecto que me interesa, aún más, y que entronca con el arranque de esta entrada. Y es la lectura de que las cosas son solo eso, cosas. Y no es bueno aferrarse demasiado a aquello destinado a perderse. Es una lección de vida: despilfarrarlo todo, quemar las naves antes que perderlas para poder, al fin, comenzar de cero.

Monday, April 07, 2008

SU MEJOR SONRISA

A partir de aquel día, parecería eternamente feliz: Entró en el cuarto de baño y se dibujó una enorme sonrisa con la cuchilla de afeitar, desde la comisura de los labios hasta el lóbulo de sus orejas.

Thursday, April 03, 2008

¡QUÉ NO CUNDA EL PÁNICO!

Interrumpimos aquí el serial sobre la felicidad para hacer una aclaración en relación con el asunto:

Durante años escribí algo que podrían denominarse diarios: cuadernos y cuadernos en los que daba cuenta de lo que pasaba por mi cabeza. Sin embargo, al releerlos después de tiempo, me di cuenta de que mi vida semejaba el infierno. No lo percibí hasta entonces, pero es cierto: cuando estoy bien no necesito alardear de ello. Y me reitero: lo natural, lo lógico, lo cabal es estar bien, ser feliz y disfrutar de la vida. De ahí que pese a parecer pesimista, en realidad soy un tipo optimista, al que las desgracias descolocan tanto que no queda otro remedio que reflexionar sobre ellas por escrito.

Por si algún día se extraviaban mis diarios, dediqué una página del mismo a explicar que aquello no era sino una suerte de exorcismo. Hoy repito aquí algo similar: Que me acusen de cenizo no me quita el sueño, pero no quiero que buenos amigos se preocupen por mi salud anímica. ¡Que estoy bien, coñe! Y gracias, Raquel…

Monday, March 31, 2008

FELICIDAD

La otra tarde, mientras miraba fotos antiguas en casa de unos amigos, pensaba en lo escurridizo de la felicidad: un sentimiento del que solo somos conscientes cuando se haya ausente.