Monday, January 23, 2012

LECCIONES DE POBREZA

En estos últimos tiempos me recorre la sensación de no decidir sobre lo que escribo. Quiero decir, es evidente que Mario Bravo es el responsable de estas líneas pero, cada vez con más frecuencia, me encuentro que son los temas los que me escogen a mí y no yo el que los encara como creía antaño. Cosas raras de escritor.

Durante estas semanas el tema que me ronda es el de la prosperidad y su reverso, la pobreza. Mi amigo Arturo afirma que cuando escucha a un empresario que se ha arruinado, no le inspira compasión alguna porque “ellos no se arruinan como nosotros”. No le falta razón. El año pasado por estas fechas servidor se encontraba arruinado. Pero arruinado de verdad, no de esas ruinas que a todo lo más obligan a deshacerte del jet privado y el velero. Una serie de dejaciones (más que decisiones) habían dado al traste con el proyecto empresarial iniciado tres años antes y a consecuencia de ello me encontraba con la luz de mi casa cortada (sí, al final te la cortan), la llamada de los lunes de una secretaria de Botín para ver cuando íbamos a solucionar lo de la hipoteca y otra, en principio amable luego francamente hostil, empleada de la compañía telefónica preguntando también por lo suyo. Mes tras mes, tenía que soportar como los ingresos que generaba en mi nueva actividad como autónomo apenas alcanzaban para los pagos al fisco de aquel ruinoso y mal llevado cierre empresarial. Salir de aquello supuso una de las lecciones más útiles que me ha regalado la vida.

Hubo un punto de inflexión. Durante una mañana de julio resolví que no podía pagar una de las cantidades que me reclamaba Hacienda. Recuerdo que agobiado por la cifra que arrojaba mi declaración fiscal, salí de casa de mi madre y me marché a pasear por el parque. Hacía un sol radiante que se filtraba entre la vegetación y me tumbé en la hierba a orillas de un arroyo. Entonces, pensé: “¡Demonios! ¡Hacienda jamás me podrá arrebatar esto!” Aquel sencillo pensamiento fue la clave para que todo empezara a mejorar y lo escribo porque tengo la certeza de que fue así y lo continúo comprobando día tras día.

Si hubiera leído hace un año las declaraciones de Santi Lorenzo en la que afirma que “La pobreza es sagrada y es útil pasar por ella” me hubiera cagado en su puta madre pero, a día de hoy, no me queda sino darle la razón. La pobreza no es más que una situación temporal que depende en gran medida del azar. El problema viene de la identificación con la pobreza. Porque no somos nuestra pobreza, salvo que creamos que así es. Atravesar periodos de escasez es muy aleccionador (aunque os pueda sonar arrogante): sirve para dotarse de humildad, aprender a pedir ayuda y reconocer que tu dignidad no se mide por el saldo de una cuenta corriente.

Guardo de aquellos meses austeros el recuerdo de varias tardes en compañía de mi amigo Óscar (otro que tal…). A veces era él, otras yo el que no tenía para pagar un bote de Coca Cola pero los encuentros fueron memorables: tardes de banco en el parque en las cuáles dirimimos importantes cuestiones humanas y divinas y sobre todo reafirmamos nuestro convencimiento de que, ni en sueños, nos cambiaríamos por ninguno de los presuntos “casos de éxito” que nos han promovido como modelo. Todo sin un euro en el bolsillo.

Monday, January 16, 2012

CON PLEITESÍA, SIN PELOTEO

No voy a engañar a nadie… soy poco teatral. Fui educado en las butacas de aquellas salas de sesión doble, repletas de jevis y con suelo alfombrado de pipas en las que a mi padre acostumbraba dormir la siesta. También pasé bastantes horas escaqueándome de mis estudios en el triangulo del mal llamado circuito de arte y ensayo. Era la mejor manera de amortizar el carnet de la facultad y a la vez estar recogido, en lugar de delinquiendo. De estos dos hitos proviene mi cinefilia, amén de demasiadas noches de estudio mientras escuchaba Polvo de Estrellas en la radio.

El teatro siempre me resultó un hermano menor del cine, además de bastante más caro. Así las cosas cuando he asistido a alguna función generalmente ha sido:

a) Obligado

b) Invitado

c) Por mis múltiples devaneos y amistades con titiriteros (una mezcla de a y b)

Ya hace unos meses, uno de estos amigos representaba una obrita dentro de ese formato que está causando furor (microteatro por dinero) y me encantó, quizás por lo original formato: ubicado en los sótanos de lo que fue una carnicería, cinco habitaciones donde se representan cinco obritas de menos de 20 minutos, al razonable precio de 4 euros por función. Me agradó la sensación de acceder a esa suerte de pasaje del terror con una sorpresa esperando tras cada puerta. Me resultó ágil y en caso de que la obra resulte un peñazo, en un cuarto de hora te la has ventilado. Y sobre todo me gustó la cercanía pues la escena se representa a menos de 1 metro del público, evitando así la sensación de impostura que me recorre cuando el actor debe comunicarse con una platea de mayor aforo.

La otra noche asistí a otro par de ellas. Repetía mi amigo Dario en De Parto y debutaban Julián Teurlais y Oscar Parra (este último autor del texto y la dirección de Llámame Papá).

Celebro enormemente cuando veo a mis amigos triunfar, aunque resulte poco español. Y lo celebro, aún más, conociendo el calvario que han atravesado para mostrarnos su talento. Una de las lecciones que me ha regalado la vida es algo que, de otra parte, siempre intuí pero que con los años va ganando urgencia : y es que no vale la pena perder nuestro tiempo con asuntos que no nos diviertan (ya sea nuestro sino genio de las finanzas, publicista o voluntario en una leprosería). También Dario, pero el caso de Óscar y Julián (espero que no les moleste que escriba esto) es el de la resistencia numantina, el de apostar por llenar la vida de vocación; son la antítesis de esos envases vacíos que llenan los vagones de metro con su mirada puesta en el infinito de una realidad que nunca les llegará porque no están dispuestos a reclamar lo que, por derecho, les corresponde. Son insumisos, indignados y ácratas sin necesidad de alinearse con ninguno de estos movimientos, ni portar más pancarta que la de una existencia coherentemente aprovechada. Son artistas del hambre y maestros de las finanzas porque prosperar en lo artístico sin que medie mas subvención que la del público es tarea complicada en este país.

Y además ¡demonios! ¡les acompaña el talento!: El uno para retratar con socarronería azconiana el imposible mundo de las relaciones paternofiliales, encadenando una carcajada tras otra hasta dejarnos sin aliento. El otro para llevarlo a escena, con la réplica de Miguel Catarecha, en un tándem tragicómico que remite a los mejores momentos de Matthau-Lemmon o la encarnación del conflicto Dionisiaco-Apolíneo que todos llevamos dentro.

Por eso cuando terminó la representación aplaudí a rabiar: No solo la función, sino a los seres humanos que la hacían posible. ¡A tiempo estáis!

Wednesday, January 11, 2012

GRACE Y EL AMOR LÍQUIDO

Cuando propuse a Diagonal, entrevistar a Grace Morales lo hice desde la admiración, pero también desde el respeto que me provocaba enfrentarme con un autentico Miura del articulismo patrio: Es proverbial el nivel de exigencia y mala leche de que han hecho gala los bruttos mecánicos.

Al final, la interviú fue una delicia, Grace resultó encantadora demostrándome, una vez más, que no hay peores barreras que las que levantamos en nuestras cabezas...

Monday, January 02, 2012

ENFOCAR EL 2012

Junio de 2010. El médico de cabecera me acababa de diagnosticar una depresión que llevaba fraguando meses y yo atribuía al estrés y al déficit de vitaminas. Aprovisionado con mi cóctel de prozac y ansiolíticos, con el que la sanidad pública trata de atajar, en balde, la mayor plaga que enfrenta (los síntomas de un sistema que toca fondo), solicité asilo en casa de mi madre pues temía que cualquier mañana las pocas energías que me restaban fueran insuficientes para sacarme de la cama.

Frente a aquel panorama, algún amigo concluyó que lo que necesitaba era salir de casa y me arrastró a la noche. En su descargo, debo afirmar que no le movía sino la buena voluntad pero no fue una buena idea: ni siquiera había transigido en visitar a la loquera que tanto me ayudaría tiempo después y mi capacidad para descifrar señales tardaría aún bastante en despertar. La mezcla de anestésicos con más anestésicos no podía sino desenbocar en la catástrofe que fueron los meses siguientes.

Recuerdo que, durante alguna de aquellas correrías, nos acompañó un tipo por cuyo tabique nasal desfila buena parte de la producción de Colombia a lo largo del año, lo cual no es impedimento para que lleve a puerto hazañas vitales como pocas he conocido (no daré más detalles; solo que está en las antípodas del garrulo cocainómano de fin de semana que abunda por estos lares). “Tienes que enfocar, Mario, en-fo-car” me repitió todo el tiempo antes de que me descolgara del grupo aquejado de una severa falta de talante noctámbulo. Escuchar la palabra “enfocar” de la voz de un tipo con los ojos inyectados en sangre y la mandíbula fuera de eje era lo último que yo podía interpretar en aquellos momentos. Y sin embargo, fue la primera señal que recuerdo acerca de lo que serían mis próximos pasos.

Seguí descendiendo peldaños, aferrado a mi orgullo y al puedo superar esto yo solo. Me sumergí en un verano de perdición, atrayendo hacia mí todo lo malo que la sociedad pone a nuestra disposición en sus intentos de despistarnos para que no levantemos la liebre. Hasta que, durante mi enésima crisis, accedí visitar a la psicóloga. Aquello marcó un punto de inflexión, sin duda, y los meses de trabajo posteriores de los que he dado cumplida cuenta en estas páginas.

El descubrimiento de la meditación, gracias a una gran amiga, ha sido una de las piezas claves de este proceso. Y cuando reflexiono sobre los pasos que han conducido a mi sanación no puedo sino sonreír ante aquella señal que la vida me envió en el lugar y momentos menos oportunos: Enfocar; centrar la atención; dejar de vivir como si esto no fuera con nosotros...

Hace poco, escuché a alguien muy sabio decir que nos hemos dado de codazos por estar aquí, por vivir esta experiencia; imperfecta (porque lo material así lo es) pero tan aleccionadora para nuestras almas... Sería una lástima desaprovechar la oportunidad.

Monday, December 26, 2011

MANTENERSE FIRME

Imagino la vida, cada día más, como un juego de azar que no lo es. Sobre el tablero una serie de números sobre los cuáles todos hemos realizado apuestas. Al parecer quien lanza la bola no es del todo honesto y favorece a los que han depositado sus fichas sobre ciertos números, que el tipo te sopla en el reservado a cambio de una comisión. Sin embargo, algunos nos negamos a entrar en el reservado, no por el hecho de pagar un peaje sino porque pensamos que al tipo le huele demasiado mal el aliento y porque creemos en la justicia del azar y en que cualquier intento de manipularlo está destinado al fracaso.

El croupier lanza la bolita y una vez más, observas como cruza una sonrisa cómplice con los de siempre que vuelven a hacer caja mientras uno se pregunta qué sentido tiene mantenerse firme en su apuesta. Por qué no agachar las orejas, franquear la entrada del reservado y salir de allí con la combinación que te permitirá invitar a champán al resto de la mesa. Ellos lo están deseando: Doblegarte, contarte entre los suyos, demostrar que tu moral se debía tan solo a un error de cálculo. Pero por algún absurdo motivo, que algunos ya califican de defecto genético de percepción de posibilidades, te mantienes firme y sigues soñando con tu jugada....


Friday, December 23, 2011

LA CEGUERA DE MARCOS

Muy de niño, su familia sufrió un terrible accidente y Marcos fue testigo del cadáver de sus padres. Aquella imagen le causó tan hondo dolor que el niño decidió cerrar los ojos por el resto de sus días.

Prescindiendo de su visión, los primeros años de Marcos fueron muy difíciles.De continuo, tropezaba con objetos o era incapaz de localizar otros, hasta que optó por apenas salir de su cuarto, donde se encontraba confortablemente ciego.

Pasaron los años, hasta que un terremoto sacudió la ciudad, devorando, entre otros muchos, el hogar de Marcos. Desorientado y aturdido, el ya no tan niño, trató de mantener su ceguera pero fue imposible hacer frente a la nueva situación. Después años de oscuridad, le costó trabajo acostumbrar sus ojos a la visión: la luz le dañaba y era incapaz de enfocar bien los objetos. Sin embargo, cuando pudo evaluar su entorno, percibió que apenas presentaba unas magulladuras en comparación con todo el dolor y la devastación circundante. Marcos era necesario en las tareas de ayuda con todos sus sentidos bien despiertos.

Saturday, December 17, 2011

MI EMERGENCIA ESPIRITUAL

Cualquiera que tenga el valor de seguir este blog, habrá notado que llevo unos meses indagando en los sentimientos y experiencias de trascendencia; encadenando cada vez más y más, conceptos que llegan desde los lugares más dispares, ilógicos y casuales del saber humano. En mi descargo, solo puedo decir que ¡yo no quería! No ha sido algo buscado ni intencionado. Pero una vez se produce el encuentro (más bien, encontronazo) con lo trascendente ¡a ver qué hacemos con ello! Ya me he pegado bastantes meses como un San Manuel Bueno Mártir a la inversa.: Negando la mayor, repitiéndome "son imaginaciones tuyas, la religión es el recurso de los cobardes o yo soy ateo por la gracia de dios". Pero no había manera... y he tenido que replantear mi existencia en nuevos términos (previa demolición de un racionalismo científico trasnochado, en el que aún andamos...). En otra entrada, ya os contaré la ruta que nace del sentimiento de pertenencia, pasa por recuperar la conexión con tu especie y llega al de trascendencia y por tanto de divinidad, porque ha sido uno de los follones más gloriosos en los que me he visto inmerso en mi azarosa vida.

El caso es que andaba pensando últimamente que las religiones no dejan de ser soluciones estandarizadas al anhelo espiritual. Es evidente que este sentimiento es universal, y servidor siguiendo postulados kantianos, pensaba que ahí terminaba el problema: En un juego de la mente, una engañifa de los sentimientos o una simple necesidad de creer. Evidentemente, mi opinión ya no es la misma: Al punto de considerar que el epicentro del colapso este modelo de sociedad post-industrial (antes incluso que la anacrónica organización del modelo laboral del que derivan el resto de estructuras) será la negación de una respuesta para las necesidades espirituales de sus ciudadanos.

No soy de los que consideran a Antonio Marina un intelectual (por mucho que anhele el título de pensador creativo). Sin embargo, es un buen divulgador: ha tenido tiempo y le gusta leer mucho y bien (tengo un gran respeto por los divulgadores, conste). Por eso, cuando hay algún tema del que me apetece obtener una visión global me parece recomendable acudir a sus manuales, antes que a otros más genéricos.

Por fortuna, su Pequeño tratado de los grandes vicios es, según su propio autor, un libro menor. Casi una disgresión de su "obra magna". Y es muy de agradecer porque va al grano y con bastante soltura sobre el tema de los vicios/virtudes. Y me ha servido para integrar mi teoría acerca de la coincidencia de las necesidades cuerpo/alma. Tenía que demostrarle al pagano que me habita, el error de empeñarse en postulados materialistas que explican cualquier regla o mandamiento en función exclusiva de orden y organización social.. Y ha sido gracias a la genealogía de los vicios que traza Marina que he alcanzado un acuerdo conmigo mismo.

Contra la corriente del pensamiento correcto (y en el mismo saco incluyo al banquero cuya codicia nos vende un espejismo de prosperidad,al mandatario soberbio que ignora su deber de servidumbre, el libertino que mancillando se mancilla o la perversión del religioso que olvidó su misión), la gran noticia es que lo que conviene al alma concierne al cuerpo y viceversa. El único camino de perfección posible liga irremediablemente lo terrenal con lo espiritual, pasando por lo moral, pues cualquier movimiento en uno de los frentes salpica y modifica al otro. Da igual que decidamos poner el foco en uno u otro lado, ambos se verán afectados y caminarán a la par.

De ahí, mi conclusión, a la luz de una panorámica de la permanencia de lo que, en los diferentes sistemas que hemos constituido, hemos considerado bueno los humanos. No es tanto que admiremos una serie de valores y anatemizemos otros en función de las circunstancias, sino que edificamos sociedades en función de un patrón universal, adaptándolo al medio que nos va tocando en suerte. Y yo a ese patrón he decidido llamarle ALMA. Ahí lo lleváis.

Tuesday, November 29, 2011

JUNG VS. FREUD, LA PELÍCULA

Hoy escribo sobre una película poco recomendable… Y no porque carezca de interés o talento artístico, sino porque resultará aborrecible a cualquiera que no se encuentre muy interesado en sus tesis….

Un método peligroso es la última de Cronemberg, y explica las relaciones, primero de amistad después de abierta hostilidad, entre los psicoanalistas Freud y Jung. Habría de visionarse armado con papel y lápiz de lo bien que está explicada.

Hoy muchos se permiten ningunear la figura del vienés y su teoría como algo superadísimo, quizás en un movimiento de descenso pendular, tan injusto como lo fue su ascenso durante décadas. Toda corriente psicológica es, por necesidad, hija de su momento (dado que no posible investigar algo que no se manifiesta) y el psicoanálisis freudiano no escapa a esta máxima. Pero hay un abismo entre afirmar que Freud era un reprimido y un obseso e invalidar los frutos de su obsesión: principalmente la idea del subconsciente (piedra angular sobre la que se edificaron algunas de las más interesantes reflexiones del siglo pasado). De no existir Freud, el pensamiento jungiano hubiera tardado bastante en manifestarse. Sin la idea de inconsciente, sería complicado el salto al inconsciente colectivo: uno de los detonantes del conflicto entre el maestro y el que era, hasta entonces, su discípulo aventajado.

Aunque en términos narrativos está justificado el factor “conflicto”, si uno asiste a la película medianamente documentado y mantiene la objetividad sin tomar partido, resulta una brillante exposición sobre cómo surgen las ideas. De cómo, en aras del conocimiento, las partes han de perder protagonismo para integrarse en el todo, superándose conceptos que resultaron herramienta imprescindible para alcanzar ciertas cotas.

Del pensamiento jungiano, emana la corriente más fascinante de conocimiento que servidor maneja actualmente: Aquella que, trascendiendo el sujeto, deja atrás el ego (tarea y lastre) y se adentra en el territorio de la conciencia. Un área de inmensidad e intensidad infinitas que, estoy convencido, se trata de nuestra próxima frontera. No es casualidad (nada lo es) que unas entradas más abajo, colgara una conferencia de Manuel Almendro. Fascinante, ya les digo.

Saturday, November 19, 2011

LA CRISIS DE LA CODICIA Y EL MIEDO

He tardado bastante tiempo en visionar el documental Inside Job. Para cuando arreció la crisis, servidor se hallaba inmerso en la suya propia y bastante tenía con hacerme cargo de mis cuentas como para atender las globales. Sin embargo, poco a poco voy sacando tiempo para dedicarme a tareas menos urgentes e ir componiendo la secuencia de los hechos que todos quieren explicar pero nadie parece comprender.

La explicación la han dado otros muchos, mejor que yo. Pero dado que la vida me ha situado en un punto de observación interesante, haré mi matiz: La codicia de unos cuantos amparó una desregulación mercantil de la que el general de la sociedad no tuvo constancia (puesto que los designados para oponerse a ella estaban ya en nómina de los codiciosos. Y esta fue la jugada maestra). Esto se tradujo en un salvaje festín bursátil, a costa del esfuerzo de la sociedad en general (bien adoctrinada en la necesidad de adquirir viviendas en propiedad; punto sobre el que creo no se ha hecho suficiente hincapié). Cuando dicho esfuerzo no colmó las ansias de lucro de los codiciosos se comenzó a apostar a que esos pobres diablos perderían sus casas. Dicho y hecho: a los especuladores le interesó precipitar la crisis, sabedor de que estaban a resguardo pues contaban con la complicidad delos encargados de colgarles del palo mayor.

Y lo acojonante del caso es que nada ha cambiado. En el documental se explica bien cómo la desregulación (de la que no estoy, por principio, en contra) propició todo tipo de chanchullos bursátiles pero no se explica por qué estamos reflotando a los culpables del naufragio a golpe de sucesivas regulaciones (Qué si no son esas vertiginosas inyecciones de capital público con que se están saneando las cuentas del sector financiero; en un ahora no, ahora sí, según le conviene a la banca). Cómo es posible que entidades de desacreditada solvencia y cómplices de este disparate, las agencias de calificación, sigan agitando las bolsas con total impunidad cada vez que tosen. En qué cabeza cabe que nos siga preocupando pagar la hipoteca al banco que nos estafó y encima, estemos agradecidos por conservar una vivienda que no vale ni por asomo lo que pagamos por ella.

Realmente, el miedo es cosa de pobres. Pobres sin nada que perder a los que se ha envanecido con la idea de que es posible poseer algo en esta vida. Y así seguimos… sosteniendo sobre nuestros hombros el peso que nos hunde en la ciénaga. Engañados por un espejismo de clase mediocre, antes que de clase media. Paralizados frente a la idea de defenestrar un sistema que nos despoja de la dignidad a través del miedo: miedo a perder un empleo que detestamos, de un piso en las afueras que nos queda pequeño, de no estar a la altura de las necesidades creadas, o ser depurados bajo el estigma de la pobreza o la locura.

Wednesday, November 16, 2011

BILDERBERG, MAYO 2008

El asesor de asuntos esotéricos avanzó hasta la mitad del escenario y se aflojó la corbata frente a un auditorio compuesto por los hombres más poderosos del planeta.

- Señores, nuestros peores augurios se han confirmado. Los mayas estaban en lo cierto: La humanidad se encuentra preparada para evolucionar.

Un murmullo de inquietud recorrió el salón de actos antes de que el orador continuara su discurso:

- Según diferentes estudios psicosociales realizados con independencia, el desarrollo del ser humano se encuentra en el punto que le permitiría superar el miedo, la codicia o la ira…. Se hace necesario, por tanto, un considerable esfuerzo colectivo para mantener el status quo que ha brindado el mayor periodo de prosperidad y esplendor de nuestra Sociedad: Nuestras corporaciones deben propiciar severas caídas bursátiles, nombrar a los gobernantes más incapaces y desmoralizar al ciudadano a través de nuestros trust de comunicación. Atacar donde más duele: arrebatándoles el techo, jugando con los sistemas de salud, y con el pan de sus hijos; hostigando al ser humano, de nuevo, hacia su más primitivo sentimiento de supervivencia ....

Primero brotaron algunas sonrisas entre el auditorio, hasta que todo el Club Bilderberg prorrumpió en aplausos puesto en pie.

- ¡Señores, ha llegado el momento de desencadenar la crisis!

Friday, November 11, 2011

ALGO SE MUERE EN EL ALMA...

...cuando un amigo se va. A Suzy & los Quattro se les ha ido uno muy grande y lo han plasmado en uno de los discos del año, Hank ¡escúchenlo!

Una de las gracias del voluntariado periodístico es acercarte a gente que admiras para descubrir que no solo es grande la obra sino también las personas.... Os dejo con la entrevista que les hice para Diagonal:

Thursday, November 10, 2011

TOMANDO CONCIENCIA

Casi considero un deber difundir este vídeo... Que no se asuste nadie pero es lo que hay. Que lo lo disfruten y lo aprovechen...

Thursday, November 03, 2011

EL ABURRIMIENTO DE SOFIA

Algún crimen debí cometer la semana pasada (y me temo cuál) para que el karma me castigara con la última película de Sofia Coppola justo la noche en que me proponía divertirme con la de Woody Allen.

Resulta evidente que Sofia Coppola se aburre más que las ostras del Mar Muerto. Toda su obra es un monumento al tedio, al spleen, a ese no-sé-qué-qué-sé-yo del mundo moderno… Pero me gustó tanto su opera prima (la de Las Vírgenes Suicidas) que, como con esa novia con la que no acabaste bien, vuelves a intentarlo para comprobar que sigue siendo la misma.

Se aburría Scarlett Johanson en Lost in Translation, se aburría María Antonieta en Versalles y las vírgenes bostezaban en su casa hasta saltar desde lo alto del tejado. Y mucho se debió aburrir la pobre Sofia para edificar toda su obra en torno a un asunto tan poco agradecido.

Somewhere es el tedio al cubo, el paroxismo del spleen baudeleriano: ovejas contando ovejas…La crónica de una fulgurante estrella del celuloide que se aburre en su hotel de seis estrellas, languidece frente a las gemelas strippers y se queda dormido practicando el cunnilingus…. Todo ello narrado a base de planos kilométricos de los de: “Pon cara de circunstancia un buen rato que la directora se ha ido al baño”. La constatación del error de aquella máxima de Antonioni de filmar películas aburridas para retratar el aburrimiento.

Me da rabia, porque creo que sería amigo de Sofia Coppola: Escoge bandas sonoras con un gusto exquisito y en todas sus películas siempre hay al menos un plano que me gana: el trasero de Scarlett Johanson que abre Lost in Translation, las bambas en el ropero de María Antonieta o los colores del bañador bajo el agua en Somewhere… pero eso no justifica la hora y 37 minutos de tedio extendido, ni un desenlace del que lo mejor que se puede afirmar es que resulta precipitado.

Sofia, maja, date un garbeo por la vida, comete fechorías, engaña a tu novio y luego regresas al cine… que yo volveré a ti para comprobar que, esta vez sí, has cambiado…

Monday, October 17, 2011

EL 15-O Y EL ¿QUÉ HAY DE LO MÍO?

Hoy lo cómodo sería sumarme a la algarabía y los fastos que celebran la jornada post 15-0 como momento triunfal. Pero, dado que ya lo hacen otros millones de ciudadanos que tuitean y retuitean el advenimiento de la, tan soñada, victoria final, me voy a permitir disentir.

Dicen que no somos chauvinistas pero ayer se nos llenó la boca de titulares sobre la pólvora incendiada gracias a la mecha del 15M, de la revolución cívica y no sé cuantos delirios más. Estamos tan envanecidos que hasta presumimos de los estragos de la crisis, válgame dios. Y, no nos engañemos, tal como se siguen planteando el asunto, nada de esto habría sucedido de no sentirse el galope de la ruina sobre nuestras cuentas corrientes, empleos e hipotecas.

Tengo buenos amigos y simpatías que me vinculan al movimiento indignado pero… no me resultan creíbles sus promesas de otro mundo posible. Básicamente, porque su motivación es egoísta. Y aunque habría buenos argumentos evolutivos para defender el egoísmo como estrategia de supervivencia, dichos argumentos están agotados y hasta que no sean superados ningún cambio será factible. Al contrario, las reivindicaciones de los colectivos agrupados bajo el paraguas del 15-M llegan a parecerme, casi, un paso atrás, porque venden lo que no es: disfrazando de anhelo colectivo lo que no es sino la defensa de cada parcela que nos resistimos a ceder. Poniendo un ejemplo evidente: a ningún profesor nunca le preocupó tanto la calidad de la enseñanza como para echarse a la calle hasta que Aguirre decidió reestructurarles su jornada laboral.

Me parece muy hipócrita denunciar al culpable, sea en forma de banqueros, políticos o promotores inmobiliarios sin realizar nada de autocrítica. De acuerdo, ellos pusieron la música pero todos bailamos a su son mientras duró la verbena y ahora les pedimos cuentas porque la pista de baile está hecha unos zorros. El 15-O se está comportando igual que ese concejal corrupto que se acerca a la sobremesa entre el constructor y el banquero para reclamar su “¿Qué hay de lo mío?”.

Llevo tiempo defendiendo que la única revolución posible es la más difícil de cuántas se han acometido. Porque es una revolución personal, un cambio que nos lleve a un estado de moralidad diferente, conscientes de que el patrón actual ya no es valido en nuestro progreso como seres humanos. Admito que es muy complicado: resulta más cómodo entregar una dádiva para el negrito hambriento a miles de kilómetros que preocuparse del vecino de rellano. El negro, por así decirlo, no salpica. Es bonito pensarse dentro del bando de los buenos cuando en realidad, como cantaban Ilegales, todos somos traidores, y “si oímos malas noticias es porque somos mala gente”. Francamente, yo estoy agotado de tener que alinearme siempre entre Guatemala y Gautepeor.

Siempre he defendido que en este país (y al parecer en el globo entero) uno se posiciona políticamente del mismo modo que un hincha del Madrid o del Barça. Me consuela y me invita a seguir peleando que uno de los sabios de nuestro tiempo, Zygmunt Bauman opinara ayer: “El 15-M es emocional le falta pensamiento”.

Monday, October 10, 2011

TYLER VS. AUGGIE

Mis dos películas favoritas de la década de los noventa son El Club de la Lucha y Smoke (y ambas entrarían en la lista de mis diez favoritas de todos los tiempos). Casi daría un brazo por ser capaz de firmar un guión tan perfecto, capaz de atrapar con palabras e imágenes un haz de condición humana, tal como lo lograron Chuck Palahniuk y Paul Auster en sus respectivos libretos.

Una película golpea, la otra acaricia, pero ambas dibujan para la posteridad el estado de las cosas del ser humano de finales del siglo veinte. Ambas son un tratado sobre el dolor y cómo nos enfrentamos con él.

El dolor es ese sentimiento que arrecia cuando percibimos que las cosas no son como desearíamos. Aunque se disfraza con variados ropajes (tristeza, ira, abatimiento...) es siempre el mismo. Y uno de los signos del suicidio dulce que estamos practicando es la incapacidad de enfrentarlo, cuando se trata una de las lecciones básicas que hemos venido a aprender. Lo negamos, lo anestesiamos, lo esquivamos, lo proyectamos… cualquier cosa menos enterarnos que la vida puede doler, que las cosas no siempre salen como queremos y que, en ocasiones, la chica elige al malo, o la enfermedad nos escoge a nosotros. A este respecto, amo la secuencia de El Club de la Lucha en que el personaje de Tyler, tras provocarle una quemadura química, increpa a su alter ego: “¡Es el momento más importante de tu vida y tú decides perdértelo!”. En otro tono, en Smoke el escritor Paul Benjamin también debe enfrentarse al dolor de la pérdida de lo que más amaba y también contará con ayuda.

El dolor no es algo deseable y la tendencia a rechazarlo es la prueba evidente de nuestra naturaleza gozosa. Pero de nada sirve pertrecharse en jaulas de oro porque el dolor es incorpóreo y nos atrapará igualmente. Los intentos de sobreprotección o narcosis no conducen sino a estados terminales de aislamiento y dependencia. Hagamos frente al dolor; ambas películas ofrecen pistas de cómo hacerlo: bien a hostias como Tyler, bien pactando como Auggie. Cada uno escoge....


Tuesday, September 27, 2011

CIENCIA O FICCIÓN

Un fantasma recorre nuestra mente… es el fantasma de la ciencia.


Tengo un método infalible para detectar personas de pensamiento simple: opinan que las cosas son siempre lo que parecen.


Uno de las ideas más liberadoras que he encontrado es la de que el, tan cacareado, “fin de la historia” no es sino el comienzo de un nuevo ciclo. Una nueva etapa en la que tendremos que asumir diferentes parámetros porque los que nos han servido hasta ahora están caducos. Y no parecemos muy capaces de percibir que del árbol de la ciencia está brotando fruta podrida.


Las razones de tal confusión son diversas pero hay una muy obvia: la soberbia por los logros alcanzados nos impide evidenciar el fin de etapa, pese a que las señales son evidentes (descalabros bursátiles, alza del índice de enfermedad mental, nula capacidad de acción, hedonismo babilónico…). Tendemos a pensar que es un peaje razonable a cambio de continuar disfrutando de las dádivas del estado del bienestar, cuando no son sino los signos de su resquebrajamiento e insostenibilidad. No voy a repetir la exposición que publiqué hace unas entradas: basta recordar que no vivimos un Estado del Bienestar sino del Consumo, donde todo lo que no vaya orientado a favorecerlo es penalizado. Y en la génesis del Estado del Consumo se encuentra la producción industrial, auspiciada por el avance científico.


La ciencia, el método científico, es una valiosa herramienta de interpretación de la realidad aparente pero ¿qué sucede en las numerosas ocasiones en que las cosas NO son lo que parecen? La ciencia se equivoca y si la tenemos situada en nuestro altar mayor todas las categorías, estructuras e instituciones que derivan de ella resultan falsas. Por poner un ejemplo sencillo: es como si para resolver un problema de física utilizásemos una tabla de multiplicar con los resultados cambiados.


Yendo a mi experiencia reciente, no he ocultado que durante los últimos meses he lidiado con una depresión de la que hoy me encuentro bastante recuperado. En mi afán cientifista (sí, lo confieso, yo fui uno de ellos…), acudí al médico como uno más de ese pavoroso 40% de las consultas que despachan los médicos de familia. Confiando en el criterio del doctor comencé un tratamiento con antidepresivos que me dejó aún más tronado. Al detenerme a leer el prospecto se dispararon los signos de alarma: toda la probatura de aquel fármaco (prescrito a mansalva en la sanidad pública) se basaba en pura estadística y suposiciones (amén de unos fantásticos efectos secundarios como el aumento de los pensamientos suicidas que, por fortuna, no padecí). Alguien me comenta que el actual sistema sanitarioes una maquinaria alimentada por la industria farmaceútica. No diría tanto pero algo muy podrido se cuece dentro de una sociedad que decide anestesiar sus emociones antes que enfrentarlas ¿Recuerdan el soma que se administraban los habitantes de la novela Un mundo feliz? Pues lejos no andamos.


La otra noche, conversando con una amiga psicóloga, percibí hasta que punto hemos comprado la moto de “lo científico” cuando me citaba los efectos el potasio como el que invoca a la Virgen de Lourdes. Estamos apañaos, pensé.


La ciencia se ha convertido en una suerte de nueva superchería. Un talismán por el cual otorgamos un valor sagrado a ciertas leyes únicamente porque proceden de un chamán que ha cambiado sus plumas por la bata blanca. La evidencia es aún más grave en tanto se inviste justo de lo contrario. Como diría un castizo: Nos la están metiendo doblada.


Volviendo al leit motiv de esta entrada, “las cosas no son nunca lo que parecen”. Qué la tierra es plana, que el sol orbita alrededor de ella, que las decisiones obedecen a fuerzas eminentemente racionales… Mentiras, espejismos, ilusiones que hoy resultan evidentes incluso para aquel que jamás pisó un laboratorio. Sin embargo, su defensa bien pudo costarles el prestigio, cuando no la vida, a Colón, Galileo o Freud...


Os voy a contar una historia bien triste: Se atribuye a Pasteur el descubrimiento de la relación entre gérmenes e infección, sin embargo, fue un médico húngaro el precursor del invento. Ignaz Philipp Semmelweis observó la alta mortandad que diezmaba los partos atendidos por médicos procedentes de la sala de autopsias. Basándose en su intuición, estableció un protocolo que comprendía el lavado de las manos con agua jabonosa, seguido de otro en agua clorada, consiguiendo un notable descenso en los fallecimientos entre parturientas y neonatos. Desgraciadamente, la ciencia de entonces no poseía instrumental de observación adecuado y a pesar de su importante ocurrencia Semmelweiss fue denigrado por sus colegas, muriendo olvidado en un manicomio de Viena. Eppur si muove, musitó Galileo con tal de salvar el pescuezo.


Y así cientos de casos en los que la ciencia niega los prodigios de la intuición para vampirizarlos al rato. Por tanto, no hay como aplicar a la ciencia su propia medicina para estallar la burbuja y devolverle algo de humildad. Como bien dijo Einstein: La imaginación es más importante que el conocimiento.

Wednesday, September 21, 2011

DESAPEGO

La otra tarde iba caminando por el Parque del Oeste y me encontré con Buda. A pesar de que estaba bastante más delgado de cómo lo pintan y de las Ray Ban con las que trataba de pasar inadvertido, el aura lo delataba. Aunque soy de natural tímido, no pude evitar asaltarle como una vulgar groupie.

- ¿Perdona, pero tú eres Buda, verdad?

- Vaya, me has cazado, chaval.

- Tenía ganas de conocerte. Llevo tiempo leyendo sobre ti y me mola tu rollo. Me parece mucho más sano que el judeocristiano en que fui educado, haciendo tanto énfasis en el dolor y el sufrimiento.

- Siempre digo que Jesús esconde un masoquista en su interior. Él dice que lo hace para atraer la atención sobre su mensaje… pero yo creo que se equivoca de estrategia…

- Yo me puse muy malito el día de mi primera comunión, con fiebre y todo. Y creo que fue de la impresión que me daba lo de comer su cuerpo y beber su sangre. Y lo de la crucifixión… qué repelús.

- Hombre, si te sirve de consuelo te puedo asegurar que no sufrió en absoluto. Aquello fue pura mercadotecnia. Aunque ahí le doy la razón: si hubiera muerto de una gripe la resurrección hubiera sido bastante menos comentada.

- Ya, ya… entonces ¿me estás diciendo que la religión correcta es la cristiana?

- No.

- ¿Pero si Jesús resucitó…?

- Claro, pero es que todas las religiones son acertadas. Y ninguna. Es una decisión estrictamente personal sobre la que, además, nadie puede opinar: se trata de una experiencia muy subjetiva. Ayer, me crucé con un tipo que adoraba los hurones y llevaba una vida virtuosa con la intención de encarnarse en uno de ellos. Pues también esta religión es cierta. Te digo más: probablemente el tipo consiga ser un hurón en su próxima reencarnación.

- Vaya tela… No sé si me entero bien. Verás, es que soy nuevo en esto de la espiritualidad y estoy hecho un lio. Como te he dicho, me mola tu rollo... Lo de la contemplación y la extinción del deseo…

- ¿Extinción del deseo, pero de qué me estás hablando? Tú no te has enterado de nada.

- Sí, hombre. Aquello de que la extinción del deseo conduce al nirvana, a la felicidad.

- Lo dicho, majo, no pillas una… Vamos a ver… Puedes hacerme el favor de mirar en tu interior ¿qué encuentras?

- Huesos y tripas.

- Mira, no voy a perder el tiempo. Si te vas a poner cínico, me marcho a meditar debajo de un chopo.

- Vale, vale, no te mosquees… es que aún me cuesta un poco todo esto… observo que mi interior está plagado de… ¡deseos!

- Entonces, como iba a ser tan tonto de inventar una religión que predicara algo tan contra natura.

- Pues eso dicen los libros.

- Los libros, los libros… te fías demasiado de los libros y que yo sepa no dejé escrita una sola línea… Al final los discípulos siempre aprovechan para colar alguna de sus ideas, en fin…

- ¿Entonces? ¿Es todo falso?

- Falso no, pero muy matizable. Lo que yo creo es que estamos destinados a desear y es natural que así sea. De lo contrario el 99% de los ciudadanos no se levantarían de la cama, ni saldrían de sus casas, ni el hombre hubiera evolucionado. Si es que a esto se le puede llamar así…. Nuestra única misión es desear poniendo toda el alma en ello.

- Mira, Buda, no me vaciles. En tercero de básica yo estaba enamoradísimo de Clarita, la vecina de abajo. Y pese a que me tiré todo el verano cortejándola en el parque, al final se fue con uno de un curso mayor.

- Porque el deseo no garantiza resultados, tan solo la experiencia. Lo que tú debías aprender en aquel momento no era a ligarte a Clarita, sino la lección de la derrota. Una lección que sin saberlo te ha conducido a conocer a otras Claritas mucho más interesantes y menos relamidas que aquella.

- Hombre, razón tienes… Entonces, me dices que la clave no está en negar el deseo….

- No hay que negar nada. Ni siquiera tus sentimientos homicidas contra tus compañeros de oficina. Lo que conviene es no dejarse amargar por ellos.

- ¿Y eso cómo se logra? A veces es difícil…

- Hay muchas maneras pero yo recomiendo, la de anular el ego por sus beneficiosos efectos secundarios. Admitir que tu preciada personalidad no es sino un entramado dependiente en gran medida del azar, de unas circunstancias y relaciones que no controlas. El orden y el control son la ilusión en la que se refugian las mentes poco creativas. Y la tuya lo es bastante; no en vano te estás imaginando esta charla.

- Vale, pongamos que te creo (cosa que está por ver). Qué consigo con esto.

- El bien más preciado en este momento que te ha tocado vivir: El desapego.

- ¿El desapego?

- No tiene nada que ver con el desprecio o la falta de amor sino con la certeza de transitoriedad. La consciencia de que todo es contingente: tu trabajo, tus posesiones, tu familia, tus afectos hasta tú mismo eres transitorio. Medita en ello y comprobarás lo fácil que resulta liberarte.

- ¡Fácil decirlo cuando se es un santo!

- ¿Qué te crees que yo no me desespero? Pues igual que todos. Pero no permito que la desesperación me posea. Los sentimientos, son como los vampiros: no pueden entrar si no se les abre la puerta.

- No sé, Buda. Flipo un poco con todo esto.

- Flipa, flipa… la capacidad de asombro es un don maravilloso. Bueno, te de voy a dejar que llego tarde a una iluminación… Por cierto, no tendrás un pitillo que me he quedado sin tabaco.

Saturday, September 10, 2011

LA BANALIDAD DEL MAL

La idea del fin de la historia se encuentra incardinada en el centro del discurrir humano. Una cierta arrogancia (o quizás pereza) nos empuja en la dirección del “ya está todo hecho”. Como uno ha decidido a apostar por el optimismo es necesario pensar que de ninguna manera. Todo está cambiando; pero no al estilo buenrrollista dylaniano: hay que ser consciente del mucho esfuerzo y las lágrimas vertidas en el proceso pues no hay parto sin dolor.

Es evidente que el status quo se tambalea. La, tan mentada, crisis no es sino una crisis de confianza y aunque los patrones del invento traten de distraernos dirigiendo nuestra atención hacia los mercados la verdadera crisis es de fe respecto al ser humano. Siento que hemos llegado a un límite (jamás a “el límite). Vivimos en una sociedad con graves problemas de autoestima. Y cuando uno no confía en sí mismo es difícil hacerlo en los demás. Sin confianza la manada torna en rebaño y el miedo actúa como los ladridos del perro que conduce a las reses al matadero.

En uno de los momentos cumbres de la muy recomendable película “La Deuda” (spoiler) un torturador nazi consigue desarmar a un agente del mossad, argumentando la debilidad de los judíos con el comportamiento desplegado en los campos de concentración: Bastaban unos pocos oficiales armados para enviar a miles a la cámara de gas porque los judíos eran egoístas y sin capacidad de sacrificio, según el nazi. La secuencia es estremecedora e inevitablemente trae a mi cabeza los vuelos del 11-S.

Se reedita estos días un libro imprescindible, Eichmann en Jerusalen de Hannah Arendt (menos de 10€ o sea que no hay excusa): las crónicas de la pensadora judía del juicio al oficial nazi en las que formuló su poderosa idea de la banalización del mal. Eichmann no era un malvado como cabría suponer. La muerte de Hitler nos libró del complicado ejercicio de enfrentarnos con el demonio en su derrota. Pero ahí estaba Eichmann, algo mucho más perverso que un demonio: un pusilánime, un aquiescente, un cómplice, un humano que solo “cumplía órdenes”.

¿Cuántas órdenes cumplimos cada día sin cuestionarlas? ¿Cuánta felicidad nos reporta esta sumisión? ¿Qué miedos nos empujan a seguir sosteniendo todo este tinglado? ¿Cómo nos juzgarán los humanos del mañana? Creo sinceramente que solo cabe el cambio.

Wednesday, September 07, 2011

(I CAN´T GET NO) SATISFACTION

Si Mick Jagger y Keith Richard en pleno subidón de éxito a finales de los 60 clamaban a los cuatro vientos su insatisfacción ¿qué podemos esperar el resto de los mortales, que jamás nos asomaremos al reconocimiento mainstream, ni nos perseguirán manadas de groupies y poseemos cuentas bancarias de lo más corrientes?

Vivimos presos de un sentido de la superación y el esfuerzo nefastos (los motivos pueden rastrearlos en la entrada anterior). Y para espolearlo se nos marca a fuego con el hierro de la insatisfacción. Marcarse retos, objetivos, esperanzas personales… debería ser una decisión gozosa nunca una imposición ajena. Recordemos lo que decía Tyler en El club de la lucha: la realización personal es simple masturbación. Se trata de una hipérbole muy sana. Se lo escuché al Krahe muy bien dicho: Toda vez que el mamífero se provee de alimento deja de trabajar… y nosotros somos mamíferos.

Sigamos citando a los grandes, Buda lo vio cristalino: el deseo es el principal motor de la infelicidad. Sin embargo, es fácil percibirnos como entes “deseantes” lo cual nos empuja a una absurda carrera sin horizonte en la que anhelamos hasta el momento de alcanzar el objeto de nuestros deseos y a partir de ahí buscamos un nuevo objetivo que volverá a defraudarnos… y hay gente que se muere así, después de toda una vida de perseguir una zanahoria atada a un palo. Lo expone Punset que es un tío que sabe codearse bien: la felicidad está en la antesala de la felicidad. La meta no es sino una ilusión óptica.

Un día de estos me voy a tatuar lo que cantaba Josele en su canción Septiembre: “¿Será que no es lo mío esta competición?”.

Saturday, September 03, 2011

SALDOS DEMOCRÁTICOS

Estoy seguro que cuando la humanidad consiga superar este bache, se estudiará nuestra época con el mismo asombro que hoy experimentamos al saber de la esclavitud, la discriminación femenina o las cazas de brujas.

No nos engañemos, en estos tiempos post industriales en que nos movemos las cosas se producen prácticamente solas. Luis Racionero ya proponía hace dos décadas en su ensayo Del paro al ocio que la cosa redundara en la reducción de jornadas laborales, en lugar de en el enriquecimiento de unos pocos. Pero los tiros no han ido por ahí a pesar de lo cabal de la propuesta. Estudiemos como opera esta dinámica y cuáles son sus consecuencias:

Cualquiera que entienda algo de cine sabe que el productor es el dueño de la película. Al final el que pone la pasta es quien coloca a su novia en el papel principal y el que decide el montaje definitivo, por encima del director. Esto es así en el 99% de las películas que se realizan. Trasladando el procedimiento a estructura social encontramos que el dueño de la fábrica nombra al alcalde que a su vez contrata al maestro de escuela. Cambiemos fábricas por bancos, alcaldes por gobiernos y maestros por sistema educativo y tendremos un esquema muy claro de cómo andan las cosas: jodidas.

El sistema educativo (con la familia al frente) es elemento sobre el que pivota cualquier proyecto de ingeniería social. Si algún incauto piensa en que para controlar tales desmanes se inventó la democracia que relea el párrafo anterior, mientras yo me lo imagino como el perrillo al que se le lanza un hueso de plástico mientras los ladrones saquean la vivienda. Nos educan como consumidores antes que como ciudadanos o seres humanos. Cercenando de raíz cualquier conato de imaginación, curiosidad o sentido del riesgo. Inoculándonos el peor de los miedos: el del rechazo, la exclusión, la pobreza; el no ser lo suficientemente bueno para vivir en una manada convertida en sociedad de consumo.

Ya no se trata de producir lo que se necesita sino de necesitar lo que se produce. En tiempos más ingenuos se utilizaba la obsolescencia programada, ahora nos la han incrustado en nuestro ADN. Consulten cualquier foro de compraventa de coches, piensen en cuantos teléfonos móviles han pasado por su vida o en la frustración por no haber podido viajar el último verano y descubrirán las alarmantes evidencias de lo que explico.

Tengo la certeza de que esto va a cambiar pronto, dado que no considero que seamos una especie tan imbécil de propiciar nuestra extinción. El miedo no existe si no le abres la puerta y el poder no es sino una ilusión consentida. La batalla se ha trasladado del parlamento al centro comercial y no hay otro camino que la conciencia y la asunción de responsabilidades sobre nuestras acciones. ¿Para qué demorarlo más?