Monday, October 22, 2007

TURNO DE NOCHE

Hay objetos y personas que llegan a tu vida y sin saber bien cómo, se instalan en ella sin apenas armar escándalo hasta convertirse en un parte fundamental de tu atrezzo. Sin sentirlas como imprescindibles, cuando faltan te das cuenta de lo agradable que hacían tu existencia. Son algo parecido al calzador o el galán de noche para la generación de mis padres: nunca estarían en su lista de prioridades pero que no les faltasen a la hora de maquearse porque apañados iban.

Hacia mucho tiempo que, por su horario, no seguía la radio de Juan Antonio Cebrián pero hubo un tiempo en que, precisamente por su horario, permanecía despierto hasta el amanecer gracias a su Rosa de los vientos. La noticia de su muerte me devuelve multitud de sensaciones añejas: las noches de no-estudio con la radio, cuando la casa paterna quedaba por fin en silencio, los nescafes de micro-ondas a las dos de la mañana, mi habitación alicatada por el humo de los cigarrillos, las vueltas y revueltas a los apuntes de química que nunca terminé de entender, el turno de noche en aquel edificio de apartamentos de la calle Orense, habitado en su mayoría por putas que iban y venían con sus clientes… días confusos en los que la duda de qué hacer con mi vida destilaba verdadera angustia. Noche tras noche (pues la noche era, en aquellos tiempos, el único refugio en que me sentía cómodo, dado que nadie me observaba) sintonizaba a Cebrián para escuchar sus historias de la Historia, su Zona cero (con el inquietante Germán de Argumosa), su devoción por Les Luthiers...

Como he escrito antes, hace un montón que otras obligaciones me impedían seguirle pero no puedo olvidar que, en un momento dado, este locutor contribuyó, sin saberlo ni pretenderlo, a mi supervivencia.

3 comments:

tu hermano said...

yo como me daban mucho miedo los programas estos radiofonicos no era muy fan,,,, espacio en blanco como mucho

Miguel B. Núñez said...

Apenas alguna vez suelta escuché su programa pero ya sabes que si algo le pasara a Julia Otero lo sentiría de igual manera. La radio, cuando se olvida de la formula (y no solo se hace formula en las emisoras comerciales) puede llegar a ser una gran compañia.

Anonymous said...

Un genio, me quedé de piedra al enterarme... yo también lo echaré de menos

David