Monday, November 06, 2006

TENER DEBERES ¡QUÉ PRÓLIJA COSA!

“Tener deberes ¡Qué prolija cosa!” Recuerdo los versos de Pessoa al leer en la prensa económica un reportaje sobre adictos al trabajo, los “workaholic” que los llaman en inglés. El artículo refiere el caso, frecuente en muchas empresas, en el cual el jefe, encargado o superior, dilata su jornada laboral, obligando con ello a sus subordinados a imitarle en perjuicio de sus vidas. Lo cierto, es que se trata de un problema que no me atañe. En un par de ocasiones me he visto comprometido en tales lides y he sabido capearlas con agilidad. Es lo que tiene tomarse el trabajo como lo que es: una fuente de ingresos, nada más.

La cuestión es que si ayer aparecían por este diario los alcohólicos, hoy me parece muy procedente escribir sobre otro tipo de adictos que, sin embargo, no parecen tan severamente estigmatizados. ¿Y no puedo por menos que preguntarme por qué? Supongo que una explicación es que los adictos al trabajo, a la postre, resultan muy rentables, aunque su comportamiento sea tanto o más perjudicial para su entorno como el de los adictos a cualquier tipo de sustancia. Todavía mantenemos en el inconsciente colectivo aquella barbaridad luterana de que “el trabajo dignifica”. Y me temo que no es así. El trabajo, en general, embrutece, empobrece y aliena. Es por ello que una de las labores a las que he dedicado más ahínco ha sido defender mis horas de ocio; las que, en última instancia, considero mi autentica vida. Las horas laborales son una concesión que rindo a cambio de un salario. No entiendo por qué las putas están tan denostadas cuando todos somos un poco putas. Hay mucho que hacer como para estar perdiendo más tiempo del necesario a cambio de un sueldo.

Sin embargo, y de esto no me apea nadie, observo que mucha gente no sabe qué hacer con su tiempo. No me sorprende en absoluto que el mayor índice de divorcios se registre a la vuelta de las vacaciones: el tiempo libre resulta perjudicial para una muchas personas. Y ahí tenemos todo un ejercito de ciudadanos que en lugar de bajarse al bar, jugar a las cartas o cultivar champiñones dilatan su jornada laboral. Mantenerse ocupados, tener deberes, es lo único que los mantiene a salvo del vacío. Porque si tienen demasiado tiempo libre lo mismo aparecen incómodas preguntas sin respuesta.

4 comments:

Anonymous said...

mira, ese vicio es de los pocos que no debo tener yo!.... lo q mola es en empresas familiares como en la q estoy yo que el sentimiento de "luchar" por la empresa es mayor y encima creen que tu tienes que estar involucrado como los hijos del jefe! ja ja, si, si.... q me pongan su sueldo y ya veremos

Anonymous said...

Usté es un vago, hostias.

Yo tuve un compañero de curro que llegó a decir que si no existiese la televisión, todo el mundo se divorciaría, "Imaginaos tener que hablar un buen rato con la parienta..."
Lo cuál dice mucho del tipo...

Yo en mi trabajo soy inflexible: hago 8 horas y "Que tengáis buena tarde." Hasta ahora nadie me lo ha reprochado, y si hubo alguna mala cara, la fuerza de la costumbre terminó con ello.

Anonymous said...

Pues yo en mi curro "sólo" he tenido que quedarme dos veces; eso sí, a mis jefes les está saliendo cara la broma, jejeje: a cada marrón que se rifa suelto un "Pues como aquel día que me quedé hasta las diez y media..." y asunto arreglado. De hecho llevo dos semanas sin que me manden nada.

PD: a mí sí me se da bien la bricomanía, por un precio módico hago arreglillos y amonto cosas del ikea

Anonymous said...

ABAJO EL TRABAJO!!