Sunday, December 31, 2006

EXORCISMOS

Hace años renuncié a mi afición por la fotografía. Cada vez que vivía un buen momento, sentía el deber de fotografiarlo; de esta manera muchos de ellos se perdieron debido a mi obsesión por la instantánea perfecta. Renuncié a muchos paisajes, a algunas risas y a algún beso por culpa de ello. Un buen día, me harté y encerré la cámara de fotos en el armario y ahí sigue. Supongo que son cosas mías porque observo que la mayoría de la gente puede compaginar sus momentos de disfrute con la cámara de fotos; pues yo no.

Me gusta ser feliz, rodearme de buenos amigos y disfrutar de los momentos alegres que me brinda la vida, ya vengan en forma de libro, de botella de cerveza o de labios. Sin embargo, leyendo mis diarios (o esta bitácora, que no es sino su continuación pública) caigo en la cuenta de que no escribo sobre buenos momentos, sino todo lo contrario. Y algo de esto tiene que ver con lo escrito antes sobre la fotografía: Prefiero disfrutar mi felicidad sin sentir la necesidad de perpetuarla en palabras. Sin embargo, mi desgracia sí.

Si algo tengo claro desde muy joven es que escribo. Ni puta idea de con qué propósito pero el caso es que me empleo en ello con más constancia que en ninguna otra actividad. Supongo que es lo más parecido a una vocación que encuentro en mí. Y lo cierto es que normalmente escribo sobre situaciones desagradables. Ya me gustaría ser como Walt Whitman y escribir inmensas odas a mí mismo y al goce de los placeres sensuales; pero no me sale. Alguna tara, que supongo educativa, padezco que me dificulta encajar como natural el lado amargo de la vida. El problema es que está ahí. Y escribir sobre ello me resulta muy terapéutico. No es un revolcarse en el fango sino un “si consigo trasladar el problema al papel, sale de mi cabeza”. Una gilipollez semejante a comprobar que el gas está apagado cuando sales de casa. En fin, uno mismo y sus mecanismos.

9 comments:

Raquel Márquez said...

Yo voy más allá y me excuso de no escribir diciéndome que es porque soy feliz... Mis diarios sólo han sido un poco constantes cuando mi vida iba fatal. Vaya bobada.

La Triste Noche said...

Y amigo Mario, es que escribir sobre la felicidad es aburrido.
Ya lo decía José Luís Perales, "en mis canciones predomina el desamor, a nadie le importa la vida de un señor que llega a casa, se calza sus alpargatas de relax y se sienta, felíz, a ver la tele."
Y que razón tiene.

carmen said...

Pues a mi me pasa igual, creo que ya lo hemos hablado algunas veces. A lo mejor tiene algo que ver con eso de que recordamos lo bueno y olvidamos lo malo y algunos "tarados" lo plasmamos en papel para ojearlo de vez en cuando y que no se nos olvide... . No sé.

burbano said...

Es muy comprensible esto que escribes. Es como cuando el actor disfruta interpretando las escenas más dramáticas, esas en las que se sufre y se llora mucho. Como decía un profesor mío: " A nadie le gusta sufrir más de lo que se sufre, salvo a los actores". En muchas de las artes es así. En la pintura, en la música, en la escritura... La verdad es que resulta muy terapeútico.

David said...

Je, muy muy acertado. A veces no queda más derecho al pataleo que una buena reprimenda al mundo plasmada en un papel. Hijodeputa hay que decirlo más!

Laura said...

Me siento absolutamente identificada con estas afirmaciones, es más, como soy bastante feliz escribo si hace falta de la desgracia de otros, o de la que imagino, así que me paso el día hablando del caos, la muerte, el sinsentido... pero luego vivo entre una agradable calma y un intenso cachodeo y tan contenta, y lo peor es que no me siento ni un poquito culpable.

Anonymous said...

Comparto las palabras de Laura.
Y es que no me siento ni un poquito culpable.
Llamale exorcismo sano!

( y estoy en un plano muy parecido en lo que a la fotografia dice respecto, si bien que me rascan los piés y el alma y un dia de estos salgo de casa cual reportera de guerra)

Cláudia

Anonymous said...

:)

mario said...

; )