Monday, December 04, 2006

PATIO DE VECINOS (GH II)

Vuelvo a la carga “con la vida en directo” porque cuando escribí hace días sobre el programa lo hice desde la ironía y creo que el asunto merece una aproximación más detallada.

No voy a incurrir en la trampa de vender mi afición al Gran Hermano desde la perspectiva del experimento sociológico porque sería tomar a broma a los sociólogos desde Durkheim en adelante. El muestreo está lo bastante manipulado para carecer de valor alguno. No obstante, el espectáculo de Gran Hermano posee un matiz que se suele pasar por alto y en el que merece la pena detenerse.

Al igual que sucede con la pornografía, creo que el gran acierto del invento reside en la sublimación de una poderosa pulsión humana: la curiosidad, en este caso. Aquello que ya sabían los romanos de “Nada de lo humano me es ajeno”. Y negarlo sería desposeer de carta de naturaleza a ciencias tan valiosas como la antropología. Qué pintaría Malinowski estudiando las leyes de reciprocidad de los trobiandeses a no ser que del conocimiento de una comunidad tan lejana pudieran extraerse conclusiones sobre la suya y por ende sobre sí mismo.

Me parecen muy interesantes las relaciones que se establecen entre vecinos a través del patio de vecinos. En ese espacio liminal resulta imposible no participar ni ser participado por el resto (“ver y ser vistos”). Y de igual modo que surgen innegables redes de solidaridad, esta convivencia también acarrea fenómenos muy desagradables, como la irrupción en tu remanso de tranquilidad de música, gritos o simplemente escenas de la vida cotidiana que no vienen al caso. En ocasiones uno quisiera permanecer ajeno a ellos, pero otras espolean nuestra curiosidad y si no sacamos la antena suele ser por pudor o respeto. No obstante cualquiera que viva en una corrala sabe de la eficacia de radio-patio. Es natural que nos interesen los otros. Lo cual no significa que sea lícito dedicarse a fisgar por sus cerraduras.

Esta es la razón última por la que Gran Hermano me parece un formato tan bien ideado: porque establece un contrato de vouyerismo voluntario semejante al de las cabinas de un peep show. Además, con un golpe de mando a distancia, puedes hacer desaparecer a los concursantes cuando se ponen pesados; cosa imposible de lograr con mis vecinos.

5 comments:

mercedes milá said...

Pues tienes toda la razón.
Yo tampoco voy a entrar a defender mi programa desde el punto de vista sociológico, pero si es cierto que esa oportunidad de voyerismo que se nos brinda cada semana es un placer para los que nos gusta mirar por la mirilla... .
Ojala pudiera moderar a mi comunidad de vecinos y entrevistar como se merece al presidente que este año me tiene loca con la calefacción central!!!!!. La comunidad ha decidido que debe abandonar la casa ...

tu gran hermano! said...

yo nominaria a mis vecinos de arriba, pero se me acusaria de racista

unseñor said...

Pues me temo que en mi comunidad los nominados somos mi señora y yo, principalmente por la afición que le hemos cogido al karaoke de la pleisteision y a un sillón de masaje de los que vibran, que tenemos a los vecinos de abajo destrozaditos

Nosequé said...

Lo de "Ver y ser vistos" está bien cuando eliges tú cuando y dónde... La leche que tienen los vecinos es que los ves y te ven "porcojones"... Aunque yo no me quejo de mis vecinos, apenas me cruzo con ellos, soy un espectro que urga en mi buzón a la velocidad del rayo y apenas cruzo dos o tres palabras y un arqueo de cejas amistoso; "Nossss diasssss!"
Lo mejor, no usar el ascensor...

Philbert Desanex said...

Joer, es que Gran Hermano es el colmo del entretenimiento!!! Y si encima de vez en cuando asistimos a una humillación pública de algún que otro sujeto indeseable (cada cual que eliga el suyo preferido) pues oye... una buena dosis de justicia infinita que diría aquel! jajajaja